ORA R1, el eléctrico ‘low cost’ chino sale al mercado por menos de 8.000 euros

La compañía automovilística china Great Wall Motors ha presentado un nuevo modelo de coche urbano completamente eléctrico que llegará al mercado por 8.680 dólares, unos 7.600 euros. Para ello, ha creado una nueva marca, ORA, que hará su debut en el mercado con el lanzamiento del R1.

El ORA R1 está equipado con un paquete de baterías de 33 kWh que le otorgan hasta unos 300 kilómetros de autonomía. Sin embargo, el estándar de homologación empleado es el ciclo NEDC en China, sugiere que hay que ser precavidos y que su autonomía real esté más cerca de los 240 kilómetros.

El coche tendrá un motor eléctrico de 35 kW que resulta pequeño incluso para un vehículo de las dimensiones del R1. Es probable que la firma limite su velocidad máxima a 100 km/h con el objetivo de convertirlo en una alternativa de peso para la conducción urbana.

El R1 destaca principalmente por su precio. La compañía ha estimado el coste del modelo en función de los subsidios que otorga el Gobierno chino. Sin embargo, recientemente se ha anunciado que el Ejecutivo pondrá fin al programa en 2020 por lo que la comercialización del R1 solo se vería beneficiada de los subsidios hasta esa fecha. Sin las ayudas, cada unidad pasaría a costar unos 9.900 euros.

De momento, el ORA R1 solo se encuentra a la venta en China, pero Great Wall Motors ya ha anunciado que planea convertir su nueva marca en un competidor global.

Tesla no es una compañía de coches eléctricos sino de baterías

La Gigafactoría de Tesla en Reno, Nevada (EEUU) pronto será la fábrica cubierta más grande jamás construida y, con permiso de la compañía china BYD, la fábrica de baterías más grande del mundo. Y parece que no compiten por tamaño, estas dimensiones se han convertido en la lucha por el control de una de las tecnologías más importantes para el futuro.

Pero el éxito de las baterías de Tesla no solo dependerá de ese monstruo que está creando en Nevada. Además, la empresa conjunta con Panasonic lo convertirá en uno de los jugadores más relevantes del sector. Ambas dos son marcas conocidas y reconocidas con cada vez mayor capacidad de expansión en un mercado dinámico y controvertido que va más allá de la industria del vehículo, configurando así una de las industrias clave en la transición a un mundo abastecido por energía limpia.

Y mientras Europa dependerá cada vez más de los chinos para cubrir su necesidades de baterías, en otros países Elon Musk tendrá que construir otras Gigafactorías en sus territorios por necesidades del guión.

Sea como sea, existe una clara evidencia de la idoneidad de la tecnología de ión-litio como solución a los problemas planteados por el suministro intermitente de la electricidad renovable, y las supuestas críticas realizadas por algunos sectores sobre la escasez de este material se están resolviendo a través de nuevos desarrollos para mejorar el reciclaje.

En definitiva, la carrera está casi ganada: la clara diferencia que hace que las baterías eléctricas sean superiores a los combustibles fósiles es que no hay que quemar – y eventualmente respirar – cualquiera de sus componentes químicos.

Pero a medida que aumenta la autonomía de los vehículos eléctricos y disminuyen las emisiones derivadas del transporte, está cada vez más claro que la tecnología de las baterías está sujeta a menos limitaciones. Tesla ha estado rodando durante más de una década por la carretera con sus vehículos, acumulando cientos de miles de kilómetros, mientras que sus baterías duran mucho más, incluso mucho mejor que los pesimistas que hablaban de un futuro incierto de la tecnología de los vehículos eléctricos.

Pero la clave para Tesla es mirar más allá de la industria automotriz. En Australia, la enorme estación de baterías que construyó para equilibrar la red eléctrica ha logrado ahorros que lo ponen en camino de amortizar un tercio de su coste durante su primer año de operación.

La ‘gigabatería’ de Tesla en Australia responde a un apagón en milésimas de segundo

La fabricación de baterías se convertirá en una de las industrias más importantes del planeta, y quien la domine ocupará un lugar privilegiado de muchas maneras, suministrando una amplia variedad de industrias, desde vehículos hasta artículos para el hogar, así como también la generación de electricidad, según afirman todos los expertos en el sector y publica la revista Forbes.

Hace doce años, cuando Elon Musk describió el “plan maestro y secreto de su compañía”, no solo habló sobre la fabricación de coches eléctricos más baratos, sino que incluyó un tercer punto: que iba a poner sobre la mesa la manera de generar electricidad con cero emisiones, una afirmación que muchos expertos no relacionaron entre las centrales térmicas de carbón y los coches de Tesla. Pero esa clave para el futuro de Tesla estaba “oculta” a simple vista, y ahora se empieza a descubrir: un edificio gigantesco en el desierto de Nevada que pronto se replicará en otras partes del mundo.

Hoy, con la compañía en la lista negra, resulta que la producción de baterías ha sido la clave de su estrategia: la razón por la cual los veteranos de la industria automotriz como Bob Lutz no podían entender la hoja de ruta de Tesla era porque Tesla no es una compañía automotriz, es una compañía de baterías.

Tesla no es un fabricante de automóviles que compita con otros fabricantes de automóviles para transportar personas o bienes; Los vehículos de Tesla consumen el producto principal de la empresa: las baterías, que también se utilizan en grandes centrales de almacenamiento, hogares y para todo tipo de instalaciones eléctricas.

En los próximos años, ese mercado será mucho más importante que una industria del vehículo que, en su evolución de un producto de consumo a ser de servicio, requerirá menos unidades y librará al mundo de un exceso de vehículos privados que actualmente están bloqueando nuestras carreteras y ensuciando las carreteras, además del aire que respiramos.

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